Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

21/8/12

CAMIONETAS RESTAURANTES EN BOSTON

 
A las doce del mediodía, la típica hora local para salir a comer, cientos de trabajadores y estudiantes de Boston y Cambridge hacen cola delante de uno de los food trucks (furgonetas de comida ambulante) de Clover para comprar su almuerzo. Pero aunque la comida que allí se sirve sí es rápida, en el menú no hay nada grasiento ni ultracalórico. Clover solo sirve comida vegetariana, hecha con productos locales y, en la medida de lo posible, biológicos.

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Clover Food Lab empezó en 2008 con un único food truck aparcado frente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge. A día de hoy, la compañía, cuya filosofía es más parecida a una start-up tecnológica que a una cadena de comida, cuenta con seis furgonetas ambulantes y dos restaurantes. En cuestión de un año han pasado de 10 empleados a 140, y en un solo día pueden servir hasta 9.000 comidas. Un verdadero fenómeno local detrás del cual está Ayr Muir, un licenciado del MIT que dejó el mundo corporativo para probar suerte con esta iniciativa.

La clave del éxito de Clover hay que buscarla en un menú simple y saludable realizado con productos de calidad, unos precios razonables y el uso de Twitter para comunicarse con sus clientes. También hay que tener en cuenta que la población local es muy receptiva a este tipo de iniciativas sostenibles (las furgonetas funcionan con biodiesel) y cool.
El diseño de sus locales es minimalista e industrial. Los menús cambian a menudo, incluso a lo largo de un mismo día, dependiendo de los productos disponibles y de temporada. No hay cajas registradoras, sólo trabajadores que iPod en mano te reciben para tomar tu pedido.
Triunfan sus bocadillos de frituras de garbanzos y sobre todo la ración de patatas fritas con romero. En verano inventan ensaladas y bebidas frías, y en invierno, sopas para calentar el cuerpo de los que se atreven a aguantar las colas a la intemperie. A pesar de no servir carne, evitan decir que sirven comida vegetariana. No, esto ahuyentaría a los clientes, dicen. Y tienen toda la razón del mundo, ya que calculan que el 95% de ellos suele comer carne.
Clover no tiene miedo a equivocarse y ha ido creciendo a base de prueba y error. Han llegado a sacar un bocadillo nuevo a base de una hortaliza tan poco popular como la chirivía y recurrir a Twitter para preguntar a sus clientes si estaba bueno. Si resulta que no, les piden que cómo se podría mejorar y prueban las sugerencias. Al final consiguen que un nuevo plato se gane el estómago de la clientela.
Sus tuits son de lo más variopinto. Avisan de si alguna de las furgonetas cierra antes o abre tarde y de los nuevos ingredientes de algún plato. Como la mayoría de clientes son habituales y les siguen en Twitter, también anuncian el cumpleaños de sus trabajadores para que los felicites al ir a pedir tu comida. Hace un par de semanas, cuando el termómetro subió a 38 grados, dijeron que los trucks cerrarían a las 15.00 (también suelen servir cenas) y que mandaban a sus trabajadores a que se refrescaran al cine. Sí, trabajar en Clover también es bastante cool.

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