Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

10/8/12

PRESIDENTES QUE COMEN SECRETOS DE COCINA DEL ALTO MANDO

Unos veinte cocineros, contadas veces expuestos a la luz pública, están reunidos en París en el seno del muy selecto Club de los chefs de los jefes de Estado, que celebra sus 35 años. Ante la prensa, en el lujoso hotel Plaza Athénée, y de blanco con bordados de colores patrios, algunos se han prestado al juego de las confidencias, al modo del fundador de la asociación Gilles Bragard, profesional y gran conocedor de las "altas cocinas" del planeta.


Bragard cuenta, confirmado confidencialmente por el cocinero de Vladimir Putin, Vakhtang Abushidi, que "aún existen los catadores -encargados de probar los platos para comprobar que no estén envenenados- pero sólo en el Kremlin, donde un médico inspecciona cada plato (del presidente) con el chef".

Anton Mosimann, cocinero de la familia real de Inglaterra, confía que "en una visita del ex presidente estadounidense George Bush -no sabremos si el padre o el hijo- fue "seguido constantemente por dos tipos del FBI que lo probaban y analizaban absolutamente todo".

También cuenta que la "Dama de Hierro", Margaret Thatcher, ex primera ministra británica, le "señaló, muchos años después, que la carne servida en Downing Street era deliciosa, pero muy cara", o que Kate Middleton, la esposa del príncipe Guillermo, mandó "modificar una salsa" recientemente para que fuera más ligera.


Obama y las remolachas

Al servicio del palacio del Elíseo desde hace 40 años, Bernard Vaussion confía el desamor de François Hollande por las alcachofas y la debilidad que siente el presidente francés por el pescado. Pero habla con extremada reserva de la inmoderada afición de Nicolas Sarkozy al chocolate y se alegra del "regreso del queso al Elíseo", desde que se fue el ex presidente.

En cuanto a Barack Obama, Cristeta Comerford, cocinera jefe de la Casa Blanca, declina evocar el aborrecimiento de las remolachas por el presidente estadounidense, revelado por Gilles Bragard.

Lacut insiste en el gusto de la familia Obama por "la verdura y la fruta".

La primera dama de Estados Unidos, Michelle, con la que ha firmado un libro de recetas y milita contra el sobrepeso de los adolescentes, ha montado una huerta y un vergel en la Casa Blanca.

Christian Garcia, chef del principado de Mónaco y presidente del club de los chefs de los jefes, explica que el príncipe Alberto es "un fino gourmet" y aprecia "la cocina mediterránea". Garcia se aprovisiona "a diario en el jardín de la residencia de verano donde todo es bío", y procura solo no cocinar despojos y menudencias, que "no le gustan mucho" al príncipe.

Para rendir homenaje a las raíces surafricanas de la princesa Charlène, a Garcia también le gusta cocinar platos tradicionales como el bobotie, un flan de carne con albaricoques y almendras".

En la ONU, Daryl Schembeck cuenta que "después de mucho investigar para poderse adaptar a tantos países, cocina la mayoría de las veces cosas sencillas y frescas como el cordero con calabacín, todo tipo de fruta y verdura, acompañado por una ensalada verde".

Diplomacia obliga, también los chefs hablan mucho unos con otros, no sólo de recetas, también de las preferencias de anfitriones e invitados. Por ejemplo, Christian Garcia llamó a Hilton Little, cocinero jefe de la presidencia surafricana, para preparar la visita de Nelson Mandela a Mónaco, "un recuerdo imborrable"
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