Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

3/9/08

NARDA EN LONDRES

La nota es vieja , pero me intereso porque destaca un poco su personalidad.

La cocinerita viajera

En una habitación blanquísima de una casa en Villa Crespo, donde funciona su empresa de catering, Narda está sentada frente a la notebook, preparando su primer libro que estará listo para la próxima Feria.

“Más allá de tener las recetas para hacerlo —cuenta—, tenía ganas de tener algo para decir. Y creo que después de haber viajado tanto y de haber estado en contacto tanto con los chefs más top del mundo como con, no sé, una cooperativa agraria en medio del desierto o productores locales, te da una visión más amplia del tema y un poco paranoica…”

¿Por qué paranoica?

Porque va a ser muy caro comer bien en el futuro. Me asusta que los productores son cada vez menos, la variedad de las semillas es cada vez menor, ¿hace cuánto que no ves un choclo blanco? Sobre todo en las grandes ciudades. Yo quiero elegir lo que quiero comer, quiero tomate en la época que hay tomates.

El de la variedad alimentaria es un tema del que parece no poder hablar sin alterarse: “Creemos que comemos distinto y comemos lo mismo todos los días: carne, harina, queso, papa o tomate y alguna otra pobre verdura”.

¿Pero no se supone que se amplió el espectro de la alimentación?

En la burbuja de Palermo sí, pero incluso esa gente durante la semana come lo mismo.

Justamente en esa burbuja antes era mal visto que te gustara mucho la comida, ¿cómo fue cambiando la percepción?

Fue pasando en todos lados, porque los cocineros se hicieron conocidos en todos lados. Creo que la gente se empezó a preocupar más por lo que estaba comiendo porque se empezó a desintegrar esa ceremonia de sentarte a la mesa y que tu mamá cocine. Compartir los alimentos es muy del ser humano, no estamos hechos para comer solos. Esa necesidad básica hizo que comencemos a hablar de la comida y a querer ver y saber.

¿Por qué pensás que a tanta gente no le gusta cocinar?

Porque no probaron, es una cosa de comodidad, resulta más fácil ir a comprar una pizza que ir a hacer las compras, entrar a la cocina, ensuciar. Pero es como negar una cosa básica: tenés que tener la habilidad de alimentarte. Cuanto peor alimentado estés, menos energía y menos capacidades intelectuales vas a tener. De la misma manera que cuanto menos lenguaje tengas, menos capacidad de pensamiento.

Hija de dos amantes de la cocina (el publicista Juan Lepes y Carmen Miranda, especialista en comida macrobiótica), Narda llegó a la televisión después de estudiar con Francis Mallman y de montar su propio restaurante.

Cuando empezaste tenías un estilo más hosco, ¿te dabas cuenta?

Sí, porque no estoy hecha para animarte la tarde. Capaz era así porque estaba nerviosa y miraba para abajo y ponía cara de culo, y a veces la tengo también porque estoy de mal humor.

¿Alguien te lo señalaba o lo cambiaste naturalmente?

Me decían “reíte” y yo los mandaba a todos a la… porque estaba de mal humor. Ponele que les había pedido una cosa y no estaba y ya me quedaba trabada. Así soy.


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