Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

17/9/09

TEATRO GASTRONOMICO


Teatro Gastronomico una obra estrenara en Buenos Aires recreando las locuras de una cocina en accion.


Crítica La cocina Una obra de Arnold Wesker, dirigida por Alicia Zanca. Reúne 19 personajes en escena. Intrigas y rebeldías en el backstage de un gran restaurante.


Para Wesker el mundo es una cocina", escribe Alicia Zanca en el programa de mano de la obra del autor londinense que, bajo su dirección, se presenta en el teatro Regio. Se trata de una puesta que con un numeroso elenco representa un día dentro de la cocina de un restaurante.

Cocineros de distintas nacionalidades comparten su jornada de trabajo en ese espacio que les resulta agobiante, donde todo es contra reloj. Las presiones de la autoridad, los problemas que surgen en los vínculos con los compañeros, las relaciones amorosas que se construyen en ese ámbito, los sueños que se despiertan entre plato y plato, entre otras circunstancias, reflejan en esa cocina a la sociedad. Esa es la intención del autor, a la cual la directora de la obra es absolutamente fiel.

Pedro, a quien interpreta Maxi Ghione, es el protagonista. Es el encargado del pescado hervido y por su carácter, el rebelde. Mantiene una relación sentimental con Mónica (Muriel Santa Ana), a pesar de que la muchacha está casada, y a través de ellos pasan varias historias de la pieza.

La cocina cuenta con una puesta en la que priman la coordinación en los movimientos (lo cual no es tarea sencilla, ya que son 19 actores en escena), buenas actuaciones y coreografías bien logradas. También se lucen entonadas y potentes voces en la interpretación de temas, aunque en el engranaje de la representación, Besos brujos y Recuerdos de Ipacaraí resultan algo extraños.

Durante una hora y cuarenta minutos, en esa cocina entran y salen cocineros, camareras, el maitre, el chef, el dueño y un marginal. Las puertas se abren y cierran con asiduidad: hay insultos, burlas, provocaciones, enfrentamientos entre pares, pero el fundamental es entre patrón (Juan Carlos Puppo) y empleado. Tantas voces y diferentes dialectos que conviven en esta pieza coral presentan un problema: algunos parlamentos o partes de ellos se pierden. La repetición de situaciones es una de las claves de la obra: un mundo opresor, del que el hombre está cautivo. Pero en el nivel de la puesta, no le juega a favor y la vuelve repetitiva.

"Este no es un sitio para cualquier ser humano", dice el más nuevo en ese lugar, donde supone que no soportará mucho y resume el sentir de los demás: pero no todos se atreven a la rebelión.«

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