Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

17/1/11

FERRAN ADRIA BAR DE TRAGOS 41"LA SNACKERIA"

CREADOR. ADRIA EN LA COCINA DE EL BULLI. LO REABRIRA COMO FUNDACION.Está considerado el mejor cocinero del mundo. Creativo, innovador, revolucionario, pateó el tablero –o las hornallas– con su cocina molecular y sentó las bases de un nuevo modo de concebir/cocinar un plato. Pero, amante de los desafíos, Ferran Adrià lo hace otra vez: la semana pasada abrió la última temporada de su restorán El Bulli e inauguró un nuevo bar de coctails, dos escalas de su larga e impredecible aventura gastronómica.

El año pasado, el tema fue tapa de todas las revistas especializadas en gastronomía: el chef catalán anunció que cerraría su restorán para reconvertirlo en una fundación. El Bulli, más que un local gastronómico, ya entró en la categoría de mito , uno de esos lugares que un turista informado aspira a conocer alguna vez en su vida, como Machu Picchu o las Pirámides de Egipto. Ubicado en una vieja casa de campo junto al mar, a 200 kilómetros de Barcelona, hasta ahora El Bulli abrió sólo seis meses al año a un promedio de 300 euros el cubierto. Recibe por año 400.000 pedidos de reservas de todo el mundo y son sólo 7.000 privilegiados los que podrán disfrutar de su cocina de acá al 31 de julio: una nota en su página web anuncia que ya no hay más lugar para nuevas solicitudes.

El miércoles, como cada inicio de temporada, Ferran Adrià reunó de nuevo a sus 40 cocineros en El Bulli. “Este año será muy especial porque no habrá nadie más como vosotros”, los arengó. Y así será: El Bulli permanecerá cerrado por tres años y se convertirá en una fundación. Todavía no tiene claro, dice Adrià, qué formato tendrá cuando reabra, en 2014.

Lo que el cocinero sí tiene claro es que en la cocina, como en la vida, todo se transforma . Por eso, un día antes del inicio del fin de El Bulli tal como se lo conoce hoy, Adrià en ausencia inauguró un bar de cócteles en plena Barcelona. Allí estuvo Albert –su hermano menor, socio y responsable de los postres de El Bulli–, para recibir a los parroquianos, que fueron muchos. El local no se publicitó, pero una nota en un diario que develó el prestigio de la marca Adrià oculto en el nombre, hicieron que el debut resultara un éxito total.

“No me gustó cómo salió –se disculpó Albert con los periodistas–. Soy muy exigente conmigo”. El hermano de Ferrán admitió que el proyecto quiere “vender glamour y eso no puede ser masificado”. La “snackería”, como prefieren llamar los Adrià a 41° , su nuevo local oscuro y decorado en gris, sirve cócteles a 12 euros y, para acompañarlos, pequeñas tapas ultrasofisticadas : magdalenas de aceitunas negras, ostras ahumadas con jamón ibérico o huevas de salmón con yema y wasabi, a razón de 4 euros cada una.

La propuesta de 41° se va a complementar con la de Tickets, un nuevo restorán de vanguardia que también se abrirá en Barcelona en un mes. Allí los fuegos estarán al comando de Albert, con el asesoramiento fraternal y experto del mejor chef del mundo.

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