Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

3/9/15

MARIA LA PRIMER MASTERCHEF JUNIOR DE ARGENTINA

La niña que tiene en su expresión la sonrisa instalada, se coronó como la primera gran ganadora de MasterChef Junior y las redes sociales festejaron el final de un programa que atrapó a un público de todas las edades
. Con la final de la versión adulta en mente, saltan a la vista dos cosas: por un lado, que este reality es un formato perfecto, que no tiene grietas ni fisuras, que no aburre y en el que francamente los participantes deberían ser muy pataduras (¿o deberíamos decir "manoduras"?) para boicotear el atractivo blindado que supone el programa en sí. Por otra parte, se destaca algo muy sencillo: el universo Junior es uno muy distinto al de los adultos. Más allá de las diferencias obvias entre un niño y un grande (los pequeños lloran, se quiebran, se emocionan y ante todas las cosas, necesitan una contención que no todos los adultos se animan a pedir) hay un ingrediente especial de lo más atractivo y es que los niños poseen un sentido del juego que un adulto rara vez logra alcanzar. Los chicos compiten y si bien tienen la intención de ganar, hay en ellos una nobleza y una preocupación tan grande por cumplir con el objetivo propio (en vez de ver en qué se equivoca el otro) que cambia radicalmente la dinámica de la competencia. Los chicos instalan un tono tan distinto a su versión de MasterChef, que a pesar de ser el mismo formato, se presenta como otro programa. Y la señal más clara de eso, es que hay un público devoto para cada una de las versiones y no es necesariamente el mismo.
La última gran diferencia entre ambas versiones es también un valor agregado de la versión junior, porque el de los chicos es un universo muy emotivo, muy de sensibilidad a flor de piel y esas emociones son tan honestas, que son fáciles de contagiarlas al televidente.

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