Gastronomía del mundo moderno en donde el cuchillo no conoce a su dueño

5/7/10

RESTAURANTES SANTO DOMINGO ,REPUBLICA DOMINICANA 2010

Santo Domingo se ha convertido en una ciudad cosmopolita, en la que los restaurantes florecen y compiten en  precios con aquellos ubicados en las grandes urbes como Nueva York, Madrid y París. Antes, la clase media tenía la posibilidad de disfrutar de los servicios de restaurantes que ofertaban opciones relativamente más apegadas a los niveles salariales de la clase media y media baja.

Hoy, los habitantes de la ciudad  sienten el peso de los elevados precios de los restaurantes, precios que han determinado que   un porcentaje de la clase media haya perdido el atractivo interés de  comer en un restaurant. Dentr
o de ese contexto existen excepciones, a saber, algunos situados en el centro de la ciudad y en el Barrio Chino, los cuales ofertan  una variedad de platos a precios módicos, que le permiten al pueblo dominicano disfrutar aún de una comida de buena calidad y al alcance de su nivel de ingreso.
Durante las décadas de los 70, 80 y 90, Santo Domingo era una ciudad de carácter provincial, donde los restaurantes estaban administrados por las familias propietarias de dichos establecimientos, la mayoría de ellos accesibles a los bolsillos de nuestra población de entonces, y aunque a veces el servicio no era el mejor, el propósito de comer fuera era más un evento de carácter social, cuando no se percibía tan marcadamente la exclusión social que se manifiesta actualmente con tanta claridad. Rememorar aquellos tiempos es recordar los pedidos de suculentos manjares a la Casa de las Paellas, uno de los platos que más le gustaba al Profesor Juan Bosch, o pedidos a los restaurantes Lina, Vesubio, Mario y el Vizcaya, ubicado en la esquina de la San Martín y Doctor  Delgado.
Debido al turismo y al regreso de dominicanos que residían en el exterior, la ciudad de Santo Domingo ha evolucionado hacia un gusto más refinado y, en consecuencia, hacia una oferta de restaurantes diseñados por famosos expertos locales y extranjeros, cuyos comensales pueden mostrar sus niveles de riqueza y, a la vez, conversar sobre la calidad de la comida bajo la cordial supervisión del dueño o el administrador del restaurant. A lo anterior habría que agregar que la comida extranjera, ya sea francesa, española, tailandesa, etc. es la que  predomina, pues ya pasaron los tiempos de un buen sancocho, mofongo o piernas de cerdo, dado que las mismas son parte de la cultura popular con la cual muchos de los dominicanos de altos ingresos no desean identificarse. Por lo tanto, este movimiento está induciendo no sólo al abandono de la cocina tradicional dominicana, sino también de nuestros valores tradicionales. En el argot popular, este comportamiento podría ser calificado como de personas que se comportan “con mucha Panamerican y poca CDA”. Como el país ha registrado elevadas tasas de crecimiento económico, dicha situación ha promovido la importación de nuevas variedades de comida, las cuales están disponibles en los distintos  supermercados de la ciudad.
 En la actualidad, lo más natural para la población de altos niveles de ingresos es ver ofertas de helados originarios de Suiza y  leer en la presentación del menú de los restaurantes un catálogo de  nuevos ingredientes para el disfrute del paladar de los grupos de altos ingresos. De la misma forma, los supermercados ofertan una sorprendente variedad de productos, entre ellos todo tipo de quesos,  el camembert con salsa de moras, las tortas de espinacas con queso de origen francés o italiano, jamón, atunes y truchas ahumados y las cremas o salsas con vodka. Habría que agregar la disponibilidad de una variedad de bebidas alcohólicas procedentes de países europeos, de los Estados Unidos y de América Latina. En cuanto a los vinos, ya no son  sólo una exquisitez, sino una demostración de status social falsa, el poseer en ciertos restaurantes cavas con el nombre de sus respectivos propietarios o,  más extravagante aún, ser  asiduo cliente de los restaurantes más caros de la ciudad. Este tipo de cambio en el comportamiento del consumidor es producto de la llamada globalización y de las políticas de libre comercio que ha llevado a cabo nuestro país, con  secuelas como  el deterioro en los términos de intercambio entre nuestras exportaciones e importaciones y, de manera  particular, el deterioro de la balanza comercial y de la balanza de pagos en sentido general.
Del mismo modo ha creado una concentración del ingreso y una exclusión social cada vez mayor, debido a la ausencia de una  adopción de políticas públicas que permitan que las clases sociales de bajos ingresos puedan tener una pobreza con dignidad.
 Lo anterior puede  ser constatado  en un reciente estudio realizado por la Unidad de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La proliferación de nuevos restaurantes caros refleja, en cierta medida, la existencia en el país de   grupos  recientes con altos ingresos, para los cuales dichos establecimientos requieren que sus puertas sean protegidas por guachimanes, a fin de controlar   a quienes se les permitirá entrar, ya que sus comensales llegan en elegantes yipetas, BMW, Mercedes Benz, Jaguar y, ahora, hasta Lamborginnis.
Sin embargo, la comida que ofertan es, en general,  llamativa, con ostentación y poca sustancia. En cierto modo, una metáfora sobre  lo que está pasando en nuestra sociedad. Para ser sincero, no todos los restaurantes son malos, sino mas bien que algunos crean cierta intimidación, ya que los denominados  nuevos ricos, sin el refinamiento necesario, tienen que degustar una nueva variedad culinaria no sólo para decir que les gusta, sino también para sentir que pertenecen a un nuevo orden social culinario.
En el lado opuesto, grupos populares de la alta clase media se están auto examinando actualmente, como !Toy Jarto!, en una sociedad no muy dada a auto criticarse. Esos grupos están tratando de analizar cómo se podría restablecer la dignidad y la perseverancia que siempre han caracterizado al pueblo dominicano.
El engreimiento de esos nuevos ricos se apoya en los gastos que realizan los miembros del sector público en aquellos renombrados restaurantes. Sin embargo, ya se perfila en la zona colonial el resurgimiento de pequeños y más familiares establecimientos accesibles a un público más popular, que busca sólo un plato de comida más simple, nutritiva y saludable que lo pueda satisfacer en estos tiempos de penuria.
Las claves
1. Altos precios 
 A pesar de los altos precios de los restaurantes, aún quedan algunos q           ue están al alcance del ciudadano medio que puede disfrutar de platos con calidad a precios considerados módicos.
2. Restaurantes nuevos
La proliferación de nuevos restaurantes caros refleja  la existencia de   grupos  con altos ingresos aquí.
Zoom
Por auge  turismo
Debido al turismo y al regreso de dominicanos que vivían en el exterior, la ciudad de Santo Domingo ha evolucionado hacia un gusto más refinado y en consecuencia, a una oferta de restaurantes diseñados por famosos expertos locales e internacionales, cuyos comensales pueden mostrar  niveles de riqueza y al mismo tiempo conversar sobre la calidad de la comida bajo la cordial supervisión del dueño o el administrador del restaurant. A eso habría que agregar que la comida extranjera, ya sea francesa, española, tailandesa, etc. es la que  predomina, pues ya pasaron los tiempos de un buen sancocho, mofongo o piernas de cerdo, dado que son parte de la cultura popular con la cual muchos de los dominicanos de altos ingresos no desean identificarse. Por  tanto, este movimiento está no sólo abandonando la cocina criolla, sino también los valores tradicionales.

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